Cultura empresarial
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Cultura empresarial que debilita a una empresa

Algunas prácticas que forman parte de la cultura empresarial llevadas al extremo dañan tanto a una compañía que incluso llegan a amenazar su propia existencia.

Empleados infelices hay en todo tipo de empresas, esto se debe al ambiente y la cultura de la empresa donde trabajan. Cuanto más crece una organización más complicado se vuelve mantener un clima laboral sano, Netflix es un buen ejemplo, por desgracia para la plataforma de video streaming.

Netflix es reconocida como una de las empresas más transparentes del mundo. Las ventajas de que todos sepan lo que haces es que la exposición te obliga a mejorar, pero la transparencia extrema resulta nociva para quienes están más cerca de ella.

Las normas, valores y hábitos compartidos por los miembros de la organización para actuar conforman la cultura empresarial, de la que se deriva la buena o mala imagen que se tenga de una organización. También es la que distingue a una compañía de su competencia.

La cultura de una empresa prevalece por encima de los cambios de personal que se den a lo largo de su vida, por eso es importante que los trabajadores la conozcan y se adapten a ella.

Ahora bien, el clima laboral depende en buena medida de los valores, hábitos y normas de las firmas. Cuando a los empleados les agrada hacer su trabajo en un determinado entorno, las organizaciones funcionan adecuadamente y avanzan hacia sus objetivos.

Pero hay prácticas que hacen sentir a los trabajadores incómodos e incluso temerosos de su propio futuro en la corporación, lo que termina por perjudicar el funcionamiento de la misma.

Una señal de que el ambiente de trabajo está perjudicando a la organización es la rotación constante de personal, porque implica que se necesita capacitar a nuevo personal muy seguido y esto hace perder tiempo y fluidez en las actividades.

Peor aún, los despidos y renuncias frecuentes en poco tiempo le dice a los demás que esa empresa no es un buen lugar para trabajar porque no tendrán futuro ni la pasará bien. Ahuyentar a los prospectos no es algo que un director quiera para su negocio.

Netflix está en esa situación. Es radical en sus prácticas de transparencia, así lo explica el Wall Street Journal, que entrevistó a más de 70 trabajadores actuales y anteriores del gigante tecnológico.

El personal de la plataforma discute abiertamente si las personas deben ser despedidas y por qué. También orilla a los empleados a aceptar públicamente sus errores. Este acto de franqueza le costó el puesto al director de comunicación, Jonathan Friedland, en junio de este año.

Esta cultura es despiadada para los colaboradores, de acuerdo con el WSJ, porque los desmoraliza hasta el punto de hacerlos sentirse incapaces para sus labores.

Los valores y hábitos de compañía estimulan la retroalimentación directa entre los equipos de trabajo, pero esto a menudo los hace sentir expuestos, incómodos y tensos porque de no hacerlo corren el riesgo de ser despedidos por no encajar con la cultura de la firma.

Las prácticas de Netflix han llevado a algunos gerentes a despedir empleados por miedo a parecer blandos y la presión que sienten de ser despedidos ellos mismos de no hacerlo.

Sin embargo, trabajadores actuales de la compañía aseguran que es un buen lugar para desarrollarse y quienes no están de acuerdo es porque están descontentos con sus experiencias. Esta afirmación señala que cada quien habla de acuerdo a lo que vivió y su percepción de cómo se dieron las cosas.

Cierto o no, es que una cultura donde los valores se radicalizan es peligrosa para las compañías. Distrae a los empleados de las ocupaciones realmente importantes y los mantiene estresados todo el tiempo, lo que inhibe la generación de ideas así como la innovación.

Cuando los procesos que están destinados a hacer mejorar la organización en realidad desgastan a los trabajadores hay que repensar la cultura de la empresa. Los empleados infelices son una mala publicidad para la compañía y aleja no solo a nuevos talentos, sino también a clientes que tomen en cuenta estos aspectos.

Sobre la autora: Kayleigh Bistrain.

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